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”O cómo distinguir un zorro entre una manada de búfalos”

A la altura que nos llegamos de estos tiempos que corren, cuando los ahorros* se han convertido en seres mitológicos, creo que es muy razonable que quien ejerza de cliente quiera saber en manos de quién está dejando sus escasos dineros y para recibir qué.

unicornio

*Ahorros: seres mitológicos, de la familia de los unicornios, en serio peligro de extinción a manos de impuestos salvajes, timadores, compañías petrolíferas, eléctricas, energías y telecomunicaciones varias.

 
 

De hecho, me han pedido en bastantes ocasiones una relación de profesionales de mi sector, con la intención de hacerse con una base de “recomendados y recomendables” (es tan habitual que tentada estoy de hacer un listín).

Conservation officer Ron Tietsort tries to head a small group of buffDe la misma forma, reconozco que hay tanta ansiedad acumulada por hacerse con ingresos –son épocas de bailar en cuerdas muy flojas- que una simple consulta, de un potencial cliente, puede desencadenar una estampida de búfalos en pleno éxtasis por la fiebre del oro. Las luchas por un cliente pueden llegar a límites insospechados.

Pero de ahí a colarse como un zorro, aprovechando la confusión para hacerse un “coge el dinero y corre”, VA UN MUNDO.

Y como de la habilidad para reconocer a tiempo a estos bichejos y bichejas especímenes depende en mucho mi trabajo y la futura confianza con mis clientes, me presto a deshacer públicamente este entuerto que a tantos tiene desencantados y airados, pagando justos por pecadores.

Lo primero saber de qué hablamos. Acudamos a la R.A.E. para conocer los conceptos más a fondo.

Autor: AlecuS.Fuente: AlecuS Dibujos

Autor: AlecuS.
Fuente: AlecuS Dibujos

vendehúmos.

(De vender y humo).

1. com. coloq. Persona que ostenta o simula valimiento o privanza con un poderoso, para vender con esto su favor a los pretendientes.

profesional.

1. adj. Perteneciente o relativo a la profesión.

2. adj. Dicho de una persona: Que ejerce una profesión. U. t. c. s.

3. adj. Dicho de una persona: Que practica habitualmente una actividad, incluso delictiva, de la cual vive. Es un relojero profesional. U. t. c. s. Es un profesional del sablazo.

4. adj. Hecho por profesionales y no por aficionados. Fútbol profesional.

5. com. Persona que ejerce su profesión con relevante capacidad y aplicación.

□ V.

deformación profesional

enfermedad profesional

secreto profesional

sigilo profesional

Los tramposos Tony Leblanc

Como puedes comprobar hasta un delincuente puede ser considerado profesional. Mientras ejerza una actividad y viva de ella, pues ya lo es. Y de esos hay muchos.

[No voy a poner ejemplos porque, aunque tentador, me pierdo y no llego al meollo. Me consuela intuir que ya tienes alguno en mente.]

Pero vamos a ser serios y centrémonos más en las diferencias que en los parecidos.

El vendehúmos engaña haciendo creer que sabe, vale y hace algo productivo, con el único fin de vender = “coge el dinero y corre”.

El profesional estudia lo que le pides. Te dice si ya lo ha hecho y con qué resultados. Y si no lo sabe hacer busca cómo aprenderlo o con quién hacerlo. Es más, si no puede o no lo ve factible rechaza la propuesta. Pero NUNCA te deja tirado ni en el país del olvido.

Y una vez aclarado el concepto, ahí van las 7 claves para distinguir un vendehúmos de un profesional:

1.      Confundir la herramienta con la profesión.

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Las herramientas de trabajo son una de las armas más poderosas para un vendehúmos. Si dice que tiene un aparato o un programa determinado intenta hacerte ver que puede llegar más lejos que nadie y que nada le puede fallar. Presume de haber invertido un pastón e, incluso, oyéndole parece que ha llegado a nivel Matrix, que las máquinas son las que hacen todo el trabajo y en un tiempo récord. ¡ERROR!

El arma de un profesional es su capacidad para plantear y abordar un trabajo con éxito. Las mejores fotos no se han hecho con las cámaras más caras sino con los mejores fotógrafos.

2.      Inventarse palabros o importarlos sacándolos de contexto.

ceoMuchas veces no tiene ni idea de lo que significan, pero los pronuncia con una entonación como si hubiera inventado la dinamita.

Ahí va un ejemplo simplificado, atentos a la sorpresa: Los CEOS… ¡¡¡SON LOS JEFES DE TODA LA VIDA!!!

Así se lo tuve que aclarar a uno que no paraba de repetirlo. Estaba alucinado tras una conferencia donde el ponente se autodenominaba CEO. Creo que incluso se regodeaba imaginando cómo quedaría impreso en sus tarjetas de visita. Pero ahí no queda todo, hasta me puso cara de no creérselo. Lo juro.

3.      Negar la evidencia, aunque te pillen con los pantalones bajados.

Los tramposos pillados Tony LeblancLos mayores vendehúmos sufren de un ego tal que son incapaces de reconocer una carencia. Ni en privado.

No saber algo y no preguntar,  o echar balones fuera de manera compulsiva – así, sin mirar- es un claro síntoma.

No saber pero querer aprender, buscar los medios y ponerse a ello es lo que hace a un profesional. El problema viene cuando no se tiene otra intención que la de aparentar para cobrar. Ahí está la diferencia.

4.      Mezclar los negocios con la familia, aunque sean como el agua y el aceite.

Apadrinar profesionalmente a un hijo o a un familiar con el mismo talento que el tuyo o, al menos, muchas ganas de trabajar parece acertado y muy profesional, ¿no? Lo hacen arquitectos, banqueros, políticos, heladeros, carpinteros, actores, cantantes, etc.

Colleja

¿Y qué parece no saber qué hacer con el cuñado vago, la hija díscola o el yerno en paro y ponerlos, de pronto y sin aspavientos, al frente de un negocio de algo que no tienen ni idea de qué va?

“Bueeeno, bah, aunque requiere de conocimientos previos , ya harán algún curso. Parece que la gente paga y nadie pide un título ni nada. Si eso, ya tiraremos de becarios. ¡¡¡Además vamos a comprar un MAQUINÓN que te caaagas.”

Hale, ya los han convertido en jefes de sufridos becarios en procesión.

Ahora sólo queda venderlos a los incautos como unos genios de la ingeniería aeroespacial aún por pulir o —- lo que es peor —–> nombrarlos Community Managers del Social Media Strategist ese – “¡Ostris, es que suena igual que Masters del Universo!” – añadiendo todo lo que pillen en el LinkedIn que suene a jefe chulo y que nadie sepa de qué va. Además de sexadores de pollos en verso en sus ratos libres, ¿no?

¡¡¡NOOO HOMBRE, NOOO!!! Eso no es nada profesional y mucho menos disparando con balas ajenas.

5.      Superman y superwoman son los padres.

superman y superwomanMuchos vendehúmos, crean mantras o fórmulas mágicas. Las han leído en alguna parte, lo saben, pero ellos las hacen suyas, sagradas, incuestionables, imprescindibles para conseguir, con “seguridad”, el éxito. Con estas fórmulas mágicas “los crédulos” intuyen que se volverán, además de sabios,… infalibles no, lo siguiente. Y claro, de un plumazo se quitan de encima a la competencia: cualquier posible estudio o recomendación que se salga de estos esquemas será calificado automáticamente de erróneo.

Por supuesto saben de todo y más. Trabajan solos porque ¿para qué van a necesitar a nadie? Y además les da tiempo a llevar un blog diario, escribir un libro, dar clases, asistir a fiestas y llevar a su abuela al cine los domingos.

¿¿¿¿A QUE DA GRIMA????

6.     EL EFECTO CHUCKY (Meter prisas, Crear miedos y Descalificar a lo loco.)

chuckyHay quienes aprovechan un éxito ajeno para afirmar que ese trabajo o es una basura o está chupado. Hay más. Aseguran que eso lo hacen con el rabo de la gorra, cinco veces al día y sin despeinarse… cuando les pagan por ello, claro. Incluso se permiten el lujo de sacar los fallos y, ahí viene lo mejor, suelen avisar de peligros terribles y apocalípticos si no se hace tal o cual cosa enseguida.

¡¡¡Que salten todas las alarmas!!! Todo esto es una mala señal. Muy mala señal. Puede que los del éxito no te caigan ni medio bien, o ni les conozcas, pero un auténtico profesional reconoce un buen trabajo donde lo ve y hasta le reconcome cierta envidia por no haberlo hecho el primero.

7.     Gurús, vedettes, famosos y otros esperpentos.

Los tramposos carteleraCuando alguien se presente como personaje muy reconocido en su sector (aunque a ti ni te suena, las charlas donde ha participado menos, y además ni te importa ni te interesa), se confiese amigo íntimo y corredor de juergas habitual junto a otros conocidísimos profesionales (que algunos sí te suenan, ya ves) y te plante que tiene más premios, “flans” y “fofogüers” que Yastin Viver y Malonna juntos… desconfía y mucho. Es más fácil inventarse o inflar una identidad -de a pie, digital o en 3D- que comprar un chicle en un kiosko.

Y hasta aquí puedo escribir.

Seguro que me he dejado algo en el tintero. Pero para eso estáis vosotros y los comentarios, para perfeccionar e iluminarnos a todos.

Haced un uso moderado de este artículo, ya que su contenido debe ser usado con responsabilidad y muy buena voluntad.

Sois libres de enseñárselo a todo aquel veáis receloso y algo despistado. Os haréis un favor a vosotros mismos.

En el siguiente capítulo, “7 pasos para evitar un contrato en falso o cómo reconocer a un clientimo a 20 metros”.

Si es que estamos en el país de los pillos cuya debilidad es creer que el mundo está lleno de “primos” y tontas del bote.

La tonta del bote

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